lunes, 15 de enero de 2007
¡Venezuela necesita una oposición de izquierda!
POR UNA REVOLUCIÓN DE VERDAD
EN DEMOCRACIA Y LIBERTAD
Activar y desarrollar la
Corriente por la Revolución Democrática
como camino y opción para organizar y movilizar a los sectores populares para que (junto a otros sectores sociales ya movilizados) sea posible la construcción de una nueva mayoría electoral, social, cultural y política capaz de desalojar del poder a la corrupta autocracia militarista y a su política anti-popular.
Propuesta de
Paso a la Nueva Democracia
a los dirigentes de base del chavismo descontento con la corrupción y la ineficacia de los burócratas del Gobierno, a los luchadores sociales independientes, a los activistas de la sociedad civil y a los simpatizantes, militantes y dirigentes de las organizaciones de izquierda, socialistas y progresistas de todo el país.
Caracas, enero de 2007
1) Las nuevas cúpulas podridas tras los resultados electorales del 3-D 2006: Éxito electoral y traspié estratégico.
Los resultados de los comicios del pasado 3 de diciembre del 2006 constituyen sin duda alguna un muy importante éxito electoral para el candidato de la cúpula burocrático-militar. Efectivamente, haber obtenido el voto mayoritario por cuarta vez consecutiva (1998, 2000, 2004 y 2006), ser el primer presidente reelecto en la historia moderna de la democracia venezolana y haber obtenido esa reelección con la más alta votación alcanzada por candidato alguno en la historia electoral de nuestro país, son logros que podrán ser relativizados pero no eclipsados por apelaciones como las referidas al ventajismo, las irregularidades en la cedulación, el amedrentamiento masivo a empleados públicos o el uso proselitista de los programas sociales del Estado. Pese a esas y otras máculas, Chávez emerge del proceso electoral del 3-D ampliamente ratificado en su condición de dirigente popular muy importante y tremendamente influyente. Obviamente, cuando reconocemos en Chávez su condición de “dirigente popular” no estamos asumiendo que la suya sea una política popular, en el sentido de que responda a los intereses del pueblo. En realidad, Chávez es un “dirigente popular” en el mismo sentido en que lo fue el asturiano José Tomás Boves en la guerra de independencia, pues -a pesar de que su política es profundamente anti-popular y anti-nacional- es seguido por un muy importante sector del pueblo.
Es paradójico que aun siendo muy grandes las dimensiones de este éxito electoral del oficialismo, estas implican para ese sector sin embargo un traspié estratégico no en tanto que proyecto político-electoral (la cual es apenas una de sus dimensiones como fenómeno político, y no la más importante, por cierto...), sino para la autocracia burocrático-militar como proyecto hegemónico, de control total del Estado y la sociedad venezolana. Y allí si está el centro del asunto.
En efecto, el temprano reclamo de Chávez solicitando de sus partidarios la consecución de “10 millones de votos por el buche” era mucho más que una fanfarronada propagandística, o parte de una mera operación de “guerra sicológica”. Para Chávez era muy importante aprovechar los comicios del 2006 para solventar a su favor un problema aun no resuelto en el proceso político y social que vive Venezuela desde principios de los 90: el problema de la hegemonía. Chávez y su cúpula burocrático-militar saben que desde el punto de vista electoral, social y cultural, el oficialismo hasta ahora sólo ha sido la primera minoría. Las elecciones del 2006 eran una oportunidad de oro para pasar a convertirse por fin en un régimen que pudiera legítimamente reclamarse mayoritario: compitiendo electoralmente con la oposición más débil que han enfrentado desde 1998 (minada en su base social por la desmoralización y el abstencionismo, sin partidos fuertes en que apalancarse y con un candidato que tenía que empezar por hacerse conocer más allá de los límites de su estado), la burocracia chavista se dispuso a aplastar en la contienda electoral usando para ello todos los mecanismos de poder del Estado, desde los dineros del erario público hasta las instituciones mismas (“PDVSA es roja, rojita”... “las FAN son rojas, rojitas”, etc.), en su afán de alcanzar y poder usar políticamente después una condición claramente mayoritaria. Pero no lo logró.
Efectivamente, los 7,3 millones de votos que los resultados del CNE otorgan al candidato Chávez representan el 60 % de los votos válidos escrutados... pero sólo el 46 % del total de ciudadanos con derecho a voto. De acuerdo a las cifras del organismo comicial, 46 % de las personas que sufragaron lo hicieron por Chávez, 29 % lo hizo por el candidato de la oposición y el 25 % se abstuvo. Una vez más, la autocracia burocrático-militar sigue representando sólo la primera minoría. La más grande, preciso es reconocerlo. Además es la más compacta en torno a un líder, a unas consignas y a un “imaginario”, y también la más dinámica en virtud de los recursos de poder a los que tiene acceso. Pero sólo es eso: la primera minoría, y eso sigue siendo una limitación muy importante para la nuevas “cúpulas podridas” a la hora de “vender” como “inevitable” su pretensión hegemónica no solo en los sectores populares, sino también en ámbitos como el económico y el militar, espacios en los que se analiza minuciosamente este hecho que el 3-D dejó al descubierto: a pesar de haber competido en las mejores condiciones, usando al máximo todos los recursos del Estado frente al adversario electoral más débil que ha confrontado en los últimos años, el candidato Chávez fue incapaz de obtener el voto de al menos la mitad de los venezolanos.
Es por eso que para la autocracia burocrático-militar, el 3-D significó al mismo tiempo un éxito electoral y un traspié estratégico.
2) La oposición democrática tras los resultados electorales del 3-D 2006:
derrota electoral, éxito político y posibles escenarios futuros.
Desde el punto de vista estrictamente electoral, los resultados de la jornada del 3-D implican para la oposición venezolana una clara derrota electoral, con matices pero sin atenuantes. Los “matices” obviamente están referidos a las circunstancias institucionales y políticas que enmarcaron el acto electoral, y que configuraron un cuadro de grosero ventajismo a favor del candidato oficialista, desde los vicios en el proceso de cedulación hasta el uso desenfrenado de bienes y recursos públicos en la campaña chavista. Sin embargo, estos datos sobre la grotesca asimetría que enmarcó la competencia electoral no puede llevar a desconocer un hecho clave: Chávez obtuvo una sólida mayoría, y eso lo sabemos precisamente porque, en los meses previos al acto comicial, la oposición democrática tuvo éxito allí donde había fracasado el radicalismo opositor vocinglero: en el logro de “condiciones electorales” que garantizaran un nivel razonable de transparencia en el acto electoral.
Por eso es que la derrota, aunque posee “matices”, no tiene atenuantes: al haber logrado que los miembros de mesa fueran seleccionados por sorteo (lo que colocó al chavismo en minoría en esta crucial instancia del sistema comicial), al conseguir colocar testigos en todas las mesas sin que el problema de la “acreditación” pudiera obstaculizar su acceso, y tras lograr la auditoria manual del 54 % de las mesas electorales en el 100 % de los centros de votación (una “mega-muestra” inmensa, equivalente en la práctica a un doble conteo), la oposición se encontraba en condiciones de poder advertir, denunciar y confrontar un fraude si este se producía en la mesas de votación o en el escrutinio. Tal fraude en el acto electoral no se produjo, y el candidato opositor hizo exactamente lo que tenía que hacer: reconocer el resultado, y señalar un nuevo horizonte de lucha.
Ahora bien: Si como en el caso de la autocracia burocrático-militar el éxito electoral logrado no alcanza para disimular el traspié sufrido en su proyecto hegemónico, en el caso de la oposición democrática venezolana ocurre exactamente lo contrario: pese a los dicterios y “análisis” sesgados formulados tanto por el oficialismo como por la ultraderecha y el supuesto radicalismo, la derrota electoral sufrida en el 2006 no es suficiente para ocultar el importante éxito político que para la oposición democrática significa haber obtenido casi el 40% de los sufragios válidos escrutados, que equivale al respaldo de casi el 30 % de los venezolanos con derecho a voto. Haber logrado ese resultado pese a haber competido en las peores condiciones, con una base social descreída, desmoralizada y minada por el abstencionismo, con los partidos políticos reducidos a la condición de franquicias simbólicas (de las dos principales organizaciones opositoras, Un Nuevo Tiempo es apenas un proyecto, y Primero Justicia esta amargamente dividida). A pesar, repetimos, de estar compitiendo en condiciones de extrema minusvalía, la oposición democrática logró mantener un porcentaje similar al obtenido en los años 1998, 2000, 2002 y 2004, y ese logro fue conseguido además con una dirección política distinta y distante de aquella que –secuestrada por los poderes fácticos- condujo al movimiento opositor a terribles y costosos errores en los últimos ocho años, lo que convierte a ese resultado en lo que el candidato opositor definió acertadamente como “un éxito político en el marco de un revés electoral”.
Pero no basta con acuñar una frase feliz para caracterizar adecuadamente el significado que para el campo democrático tiene el resultado del 3-D del 2006. Es necesario además analizar tal resultado en perspectiva histórica, al menos del pasado reciente, para poder construir una prospectiva atinada y útil. El resultado obtenido el 3-D (y de manera muy importante, la manera como fue asumido por el candidato opositor y por la dirección de la oposición democrática) tienen un mérito muy importante: gracias a haberlo obtenido, y gracias a haberlo asumido, el campo democrático tiene aun la posibilidad de construir escenarios de futuro, y de luchar por alcanzarlos. Si la conducta opositora hubiese sido otra, si hubiera prevalecido la tesis de la abstención, o si se hubiese producido un retiro a mitad de camino, o si no se hubiese reconocido el resultado electoral, el destino más probable de la oposición hubiese sido, llana y sencillamente, la extinción.
3) Si queremos resultados distintos, hay que luchar de manera distinta:
por un nuevo mapa estratégico del campo democrático para superar el
“40 % histórico”.
En efecto, al ver los resultados electorales obtenidos por las fuerzas del campo no chavista en los años 1998, 2000, 2004 y 2006, salta a la vista que en esas cuatro citas electorales el caudal de votos enfrentados al oficialismo ha estado rondando el 40 % de los sufragios válidos escrutados. También es notorio que tal votación se encuentra concentrada en el mapa urbano del país, en las ciudades medianas y grandes, y concretamente en aquellos espacios de esas ciudades con mejor acceso a los centros de servicio y empleo, que no por casualidad son los espacios habitados por los sectores medios de la población.
Una constatación luce evidente: Desde el 2000 y al menos hasta el presente, la clase media venezolana ha sido reticente a la oferta cultural y política del chavismo. Ese es un dato positivo, porque ha significado hasta ahora un piso social importante para el esfuerzo político de impedir la entronización de una hegemonía autoritaria. Pero al mismo tiempo es importante también destacar que este dato de la realidad implica simultáneamente una limitación, pues simétricamente demuestra que amplios sectores de la población no han sido cautivables por la propuesta opositora, independientemente de los excesos, fracasos, desmanes, ineficiencias y corruptelas que sean cometidas por el oficialismo.
Muchas veces se ha pretendido explicar esa realidad como simple resultado de la potencia clientelar de un gobierno munificente, cuya capacidad de maniobra se debe exclusivamente a la amplia disponibilidad actual de la chequera petrolera. Quienes hacemos activismo social en los sectores populares sabemos que esa es sólo parte de la explicación, y quizá no sea siquiera la parte más importante: la ineficiencia gobiernera es tanta y tan aguda, que son ineficientes incluso para hacer populismo clientelar. Uno de sus programas bandera, por ejemplo, la Misión Barrio Adentro, se ufana de tener activos 2.200 módulos en todo el país. Sólo el Municipio Sucre del Estado Miranda tiene más de 1.970 barrios, es decir, que si fuera verdad lo que dice el gobierno en relación al número de módulos activos, estos no alcanzarían ni siquiera para tener un módulo por barrio en Caracas. Sin embargo, el impacto social y de opinión de Barrio Adentro trasciende en mucho su cobertura efectiva. Es un impacto que va más allá de un mero fenómeno de expectativa (“hoy existe allá, mañana existirá aquí...”). En realidad, es un impacto político, cultural, simbólico. La Misión Barrio Adentro, independientemente de su modestísima cobertura y de las precariedades de la atención que realmente presta, es el símbolo del éxito de una política hecha desde y para el imaginario popular. Y ese es, justamente, el quid del asunto.
El mapa presente de la oposición es, a no dudarlo, infinitamente superior desde el punto de vista cualitativo al que podíamos revisar hace apenas seis meses. Esta oposición dirigida por Rosales, Borges y Petkoff es muchísimo mejor (más útil al país, más capaz de enfrentar a la autocracia corrupta y militarista) que aquella dirigida por Ramos Allup, Ledezma y Alvarez Paz. Pero incluso esta oposición surgida a raíz de las luchas libradas en los últimos meses del 2006 sigue siendo una oposición que opera desde las coordenadas culturales de la clase media, y desde las coordenadas políticas de la centro-derecha.
Y esos son hechos, no discursos. Ciertamente, es posible que la oferta electoral de Rosales en la campaña, así como el trabajo político realizado fundamentalmente por Primero Justicia en Petare y en otros sitios del interior del país, haya hecho posible que en 2006 el 40 % opositor haya tenido un componente un tanto mayor de votantes de los sectores populares. Pero desde el punto de vista cuantitativo (tal como lo revela el estudio realizado por el economista Ricardo Villasmil, profesor de la UCAB y ex coordinador del Programa de Gobierno de Manuel Rosales) el grueso del voto opositor se concentró nuevamente en los espacios de la clase media urbana.
Y eso determina a su vez una realidad desde el punto de vista cualitativo: a pesar de que Rosales se haya definido una y otra vez como un “social demócrata de avanzada”, a pesar de haber postulado (haciendo uso quizá inconsciente de nuestro nombre) la necesidad de una “nueva democracia social”, a pesar de haber dicho que “ni volverán ni repetirán” al referirse a la cultura política de las llamadas Cuarta y Quinta República, a pesar, en síntesis, de la influencia positiva que en su entorno puedan ejercer personajes como Petkoff y otros, sin embargo cada vez que a lo largo de la campaña Rosales se vio obligado por las encuestas a buscar la compactación del voto a su favor volvió a utilizar la única retórica capaz de causar ese efecto en la clase media conservadora: la retórica anti-comunista.
Tomando prestada del adversario el lenguaje y las metáforas belicistas, debemos advertir que mantener el presente mapa opositor no augura en lo más mínimo una supuesta “estabilización” de las actuales “trincheras”: Esta no es una “guerra de posiciones”, sino una “guerra de movimientos”. En efecto, los datos (¡siempre los tercos datos!) y la dinámica social y política revelan que -de mantenerse el esfuerzo opositor en sus actuales coordenadas sociales y políticas- su porvenir más probable no es el estancamiento, sino la disminución quizá lenta, pero inexorable: por un lado, ante la perspectiva de una estabilización a largo plazo del poder político autoritario, sectores de la clase media tradicional se verán tentados al exilio, o a establecer (como han venido haciendo algunos) un modus vivendi en el que la realización de negocios con el gobierno se ve acompañado con el abstencionismo electoral, justificado farisaicamente con las deficiencias, reales o supuestas, de la oposición política. Por otro, esta el hecho igualmente cierto de que se esta conformando una suerte de “nueva clase media emergente” integrada por funcionarios con sueldos millonarios, contratistas, testaferros, colocadores de dinero, comisionistas y demás, que está empezando a fijar residencia en las urbanizaciones de clase media y alta, adquiriendo los hábitos y patrones de consumo congruentes con su nuevo estatus social... y haciendo variar progresivamente la inclinación de la población electoral en esas circunscripciones.
Quizá ambas dinámicas puedan explicar eficientemente el hecho de que en Chacao la oposición alcanzó el 80,02 % de los votos válidos escrutados en el referendo del 2004, mientras en las elecciones del 2006 bajó a un 76,44 %; En el municipio Baruta se descendió del 79,38 % en 2004 al 75,55 % en el 2006; en el municipio El Hatillo se bajó en ese período del 82, 06 % al 79,52 %. Los números del chavismo no dejan lugar a dudas en relación a donde fueron a parar esos votos: en Chacao, en 2004 el “No” representó 19,98 % del total de votos validos escrutados, y en 2006 la votación de Chávez creció al 23,37 %; en Baruta esa variación fue del 20,61 % en 2004 al 24,25 % en 2006; en El Hatillo el crecimiento relativo del chavismo entre una elección y otra fue del 17,93 % en 2004 al 20,35 % en 2006. Quizá estos porcentajes puedan parecer insignificantes para una mirada superficial, pero para un observador atento son reveladores de una tendencia clara: incluso en los espacios donde hay una claro predominio de la clase media, la tendencia de la oposición convencional es a la progresiva disminución de su electorado, en virtud de las dinámicas socio-políticas arriba descritas.
Si esto ocurre en los sectores de clase media, más dramático aun es lo que se evidencia cuando evaluamos los efectos que tiene en los sectores populares el discurso y la acción de una oposición dirigida desde el imaginario de la clase media, y ubicada políticamente en un discurso de centro derecha. En efecto, al analizar los resultados electorales de Caracas, específicamente del Municipio Libertador, el calificativo exacto para describirlos desde el punto de vista opositor es “derrota doble”, porque no sólo se perdió ante Chávez, sino incluso se retrocedió en comparación con los resultados obtenidos en agosto del 2004.
En primer lugar, para apreciar con nitidez los alcances de la debacle electoral opositora en Caracas en 2006 es necesario ubicar el contexto: el 3-D del pasado año la oposición sacó menos votos que el Sí en el Referendo Revocatorio del 2004 en sólo 10 entidades de todo el país. Nueve de esos estados fueron entidades electoralmente muy pequeñas y con una superficie urbana muy reducida, como Amazonas, Cojedes, Nueva Esparta, Vargas o Yaracuy, o fueron estados en los que el chavismo tiene gobernadores particularmente agresivos, como Sucre, Portuguesa, Monagas y Falcón. Pero la única entidad donde la oposición sacó en 2006 menos votos que en 2004, a pesar de ser un centro urbano muy importante y de tener gobernantes chavistas muy desprestigiados, fue precisamente Caracas, específicamente el Municipio Libertador.
En efecto, mientras que –fieles a la matriz de que el voto opositor fue mayoritario en los grandes centros urbanos- se obtuvieron votaciones muy importantes y aun victoriosas en Valencia, Maracaibo, Mérida y San Cristóbal, entre otras grandes ciudades, en Caracas se retrocedió ostensiblemente: en el año 2004 la oposición ganó en ocho parroquias, número que en el año 2006 se redujo a seis, al perder en Altagracia y San José; en el año 2004 la oposición sacó en el Municipio Libertador 405.360 votos, para un 43,95 % del total de votos válidos escrutados, mientras que en el 2006 la oposición sólo logró 387.194 sufragios, para un 36,91 %. Incluso, en cinco de las seis únicas parroquias en que la oposición ganó al chavismo en las elecciones del 2006 (Candelaria, El Paraíso, San Bernardino, San Pedro y Santa Teresa) se produjeron retrocesos absolutos y relativos en comparación con los resultados opositores de 2004.
En cambio, en aquellos sitios de Caracas donde ganó el chavismo en el 2006 (16 de 22 parroquias, incluyendo las de más población electoral y de mayor componente popular) los incrementos en la votación oficialista fueron contundentes: en el 23 de Enero, donde en 2004 el No sacó 30.193 votos para un 68,92 % del total, en 2006 Chávez obtuvo 37.959 sufragios, para 75,57 %; En Catia (Parroquia Sucre), donde en 2004 el No obtuvo 109.311 votos para un 67,78 % del total, en el 2006 Chávez cosechó 142.760 sufragios, para un 74,25 % de los votos validos escrutados; en El Valle, donde en 2004 el No obtuvo 43.345 votos para un 64,22 % del total, en el 2006 Chávez alcanzó 52.358 sufragios, para un 69,69 % del total de votos válidos escrutados.
Seguramente, tales resultados tienen varios tipos de explicaciones, pero una categoría muy importante son las explicaciones de naturaleza política. En efecto, la campaña de Rosales en Caracas no tuvo menos recursos que la campaña opositora en Apure, por ejemplo (estado donde la oposición si sacó en el 2006 más votos que el 2004); Seguramente la campaña opositora en Caracas no tuvo menos apoyo de los medios de comunicación social que la campaña de Rosales en Lara, otra entidad en la que el voto opositor del 2006 superó ampliamente al Si en el 2004; con certeza se puede afirmar que los activistas de la campaña de Rosales en Caracas no se esforzaron menos que los militantes de la oposición en Bolívar, donde también el voto opositor en el 2006 fue mucho más numeroso que el 2004.
La explicación no única, pero si sustantiva, hay que buscarla entonces en consideraciones de orden político: siendo el Municipio Libertador del Distrito Capital un ámbito territorial con una gran cantidad de parroquias en las que es ampliamente mayoritario el componente popular, realizar una campaña electoral con una dirección caracterizada por una práctica, un discurso y unas percepciones de lo popular construidas desde y para la clase media, solo podía conducir a la derrota que finalmente se produjo.
4) Enriquecer el mapa estratégico del campo democrático construyendo e impulsando un actor capaz de luchar desde las coordenadas sociales de lo popular y desde las coordenadas políticas de la izquierda.
El caso de Caracas expresa con nitidez y contundencia el reto que enfrenta el campo democrático a nivel nacional: Los niveles de pobreza y exclusión social y económica que dejaron como herencia los gobiernos anteriores a 1998 se han visto mantenidos y aun agudizados por la política económica y hasta por la política social de la presente autocracia burocrático-militarista. En efecto, la actual política económica (al desalentar la inversión privada y ser tremendamente ineficiente e improductivo en el gasto público) ha destruido empleo de calidad y no ha generado nuevas fuentes de trabajo, manteniendo y profundizando un elemento clave generador de pobreza, mientras que por otro lado las políticas sociales, emblematizadas en la misiones, están orientadas no a la superación de la pobreza sino al establecimiento de un modus vivendi en la pobreza, que busca hacerla soportable mediante una mezcla de pequeñas gratificaciones materiales (las llamadas “burusas” clientelares) y amplias gratificaciones simbólicas (la retórica inclusiva y el discurso orientado a catalogar la pobreza como una suerte de virtud teologal o ideológica, y no como lo que es: un estado de carencia).
Quizá la mejor explicación de esta situación es posible hacerla recurriendo nuevamente al nombre del mismo programa bandera citado anteriormente, la Misión Barrio Adentro: como tal denominación revela, el objetivo de las políticas económicas y sociales de la autocracia no ha sido nunca “sacar” el barrio “afuera”, es decir, integrarlo al espacio urbano, conectarlo a los centros de servicio y empleo, homologando las condiciones de vida de quienes allí habitan con las condiciones de vida de los habitantes de los espacios formales de la ciudad. No. Como en el pasado, cuando gobiernos adecos y copeyanos asumian como una “fatalidad”, casi como una “calamidad natural” la existencia de amplios bolsones de miseria en nuestra sociedad para poder manipularlos como clientelas electorales de sus respetivas maquinarias, también en la actualidad el objetivo de las políticas económicas y sociales del Estado no es vencer la pobreza, sino mantenerla como necesario ecosistema generador de la clientela electoral y política ya no de una maquinaria electoral, sino de un líder autoritario. Es esta, además de la corrupción y la ineficacia, una de las causas más importante de porque nuestro país, a pesar de haber dispuesto (y ejecutado) en los últimos ocho años más dinero que todos los gobiernos juntos de las pasados cuatro décadas, sin embargo no ha sido capaz de obtener resultados sensibles en la superación de la pobreza.
Esta constatación en lo económico y social tiene una consecuencia muy clara y directa en lo político: aunque Venezuela mantenga e incluso eventualmente logre mejorar sus ingresos por concepto de hidrocarburos, no parece probable que la pobreza en nuestro país disminuya, porque ese no es un objetivo ni mucho menos para una cúpula burocrático-militar que tiene un proyecto autoritario para esta sociedad, y una de las precondiciones del éxito de ese proyecto es precisamente que esta sociedad se achate, se empobrezca, para que sea así más dócil y maleable.
Dicho en otras palabras, en nuestro país la mayoría de la población vive en situación de pobreza, y eso va a seguir siendo así, independientemente de que variables como por ejemplo el consumo pueda fluctuar positivamente en algunos períodos y sectores. En virtud de la dinámica social y política denunciada, es pertinente esperar que la pobreza estructural en Venezuela tienda a mantenerse e incluso a ampliarse. En ese contexto, es de vital importante para el campo democrático la construcción de un instrumento de organización, movilización y educación del pueblo, que sea capaz de pensar su accionar político desde y para el imaginario popular, que elabore sus percepciones de (y sus propuestas para) lo popular no desde el prejuicio o los preconceptos de la clase media, sino desde el conocimiento natural y profundo de los códigos de lo popular, de sus realidades y aspiraciones. Ese instrumento no existe. Hay que construirlo.
Y ese instrumento a construir debe tener una ubicación política clara, rotunda, desafiante incluso: debe ser un instrumento de izquierda, de izquierda realmente revolucionaria, de izquierda socialista. Y no debe rehuir los debates que tal condición implica.
En efecto, esa definición política debe producirse no sólo en virtud de la tendencias y tradiciones políticas y organizativas de las personas que nos sentimos convocadas a la construcción de ese instrumente de lucha social y combate político, cuya necesidad postulamos. Además de ese dato subjetivo (fundamental para la autenticidad y alcance del esfuerzo que nos planteamos) está también un dato objetivo, igualmente importante: La potencialidad de éxito de un proyecto político en una sociedad esta en proporción directa a su capacidad de contactar, seducir, organizar y movilizar al centro político de esa sociedad. Y ese “centro político” no es una categoría geográfica, es decir, no es un improbable punto medio entre izquierda y derecha, no. El centro político es una categoría social y, valga la redundancia, política. El centro político es el espacio político-ideológico-cultural-simbólico donde se ubica la mayoría de un país. En Venezuela desde los años 40 del siglo XX el “centro político” estuvo inclinado hacia la centro-izquierda, por el peso que en la Venezuela de ese entonces tenía una organización como el PCV y sobre todo por la gravitación alcanzada por la Acción Democrática de aquellos tiempos. Durante casi todo el resto del siglo pasado el centro político de la sociedad venezolana siguió escorando hacia ese mismo derrotero centro-izquierdista. Ocioso es señalar que desde finales del siglo anterior hasta la actualidad la inclinación del centro político hacia la izquierda se ha acentuado, en virtud del impacto de la retórica chavista en las mayorías populares venezolanas.
Siendo esto así, quienes creemos en la necesidad de una auténtica revolución democrática en Venezuela, quienes consideramos que el verdadero socialismo es mucho más que capitalismo de Estado, quienes estamos persuadidos de que la moral y la conducta de un verdadero revolucionario son incompatibles con el culto a la personalidad y con la compulsión militarista, quienes nos hemos levantado como luchadores sociales y como combatientes políticos en la certeza de que la construcción del socialismo es indivisible de la lucha por la libertad y la democracia, tenemos que asumir una deuda inmensa que hemos contraido con nuestro pueblo a lo largo de los años que lleva en el poder la autocracia burocrático- militarista: tenemos que reconocer que aun “con el pañuelo en la nariz”, secundamos, suscribimos o participamos de los errores de una dirección opositora distinta y distante del pueblo del que venimos y por el que luchamos. Por ser disciplinados, por creer en la unidad, por no abrir fisuras en el frente de lucha contra la autocracia, durante los pasados años participamos de un bloque cuya composición no privilegiaba lo popular, y cuya orientación política era claramente derechista, conservadora. Nosotros, que luchamos contra la autocracia burocrático-militarista porque no ha hecho los cambios sociales y políticos que el pueblo necesita y reclama, permitimos que durante mucho tiempo nos dirigieran sectores y grupos que se enfrentan a la autocracia porque rechazan cualquier cambio, incluso aquellos evidentemente positivos y necesarios. Esta autocrítica es necesario formularla, explícitamente y sin dobleces. Así lo hacemos.
Pero no basta con “reconocer” la deuda: lo importante es que hay que pagarla. Por eso estamos decididos a iniciar un camino duro, difícil, pero necesario y pertinente: vamos a construir (necesariamente junto a muchos otros) ese instrumento popular y de izquierda, con la intención de llegar a ese pueblo que –aunque aun apoya al líder carismático de esta falsa “revolución”- ya ha empezado a rebelarse contra la ineficacia y la corrupción de las nuevas cúpulas podridas, ese mismo pueblo que no ha podido ser alcanzado y mucho menos convencido por los sectores que aun hoy son mayoría en la dirección de la oposición.
5) La Corriente por la Revolución Democrática: ni competimos con la oposición, ni nos obsesionamos con el chavismo...¡apostamos por el pueblo!
Construir ese instrumento necesario no será producto de la decisión de un grupo, por esforzado. En realidad, forjar una organización capaz de disputarle los corazones y las mentes del pueblo venezolano a una autocracia burocrático-militar que ha concentrado tanto poder económico e institucional solo es posible promoviendo la más amplia concertación de quienes creamos en la necesidad de realizar en Venezuela una revolución democrática para construir en nuestra patria una sociedad verdaderamente socialista, es decir, una sociedad con igualdad en democracia y libertad.
Por eso tenemos por delante una tarea fundamental: promover y desarrollar una Corriente por la Revolución Democrática, una plataforma de la que puedan participar individuos, dirigentes comunitarios, luchadores sociales y combatientes políticos, sin tener que renunciar por ello a las organizaciones, partidos u ONG´s a las que pertenezcan originalmente, pero que quieran encontrarse con otras personas y grupos que, como ellos, estén convencidos de la necesidad de luchar con y por el pueblo, desde posiciones de izquierda socialista y democrática, contra la autocracia burocrático-militarista, cada vez y en cada escenario en que esa autocracia atente contra los derechos e intereses de los sectores populares.
Al respecto es importante puntualizar que la Corriente por la Revolución Democrática no nace para competir, sustituir o enfrentar al sector que el país hoy percibe como “la oposición” (mucho menos ahora, cuando ese sector cuenta con una dirección que nos parece un avance cualitativo sustancial en relación al pasado reciente). Con ese sector cooperaremos en lo que estemos de acuerdo y nos parezca relevante, y en lo que no sea así sencillamente “no nos engancharemos” en debates estériles, porque en fin de cuentas cada quien es responsable de lo que hace, y nosotros –como demócratas de izquierda, como socialistas que creemos en la democracia y la libertad- hemos recuperado autonomía en la definición de nuestra estrategia y nuestra táctica. A esa oposición le deseamos la mejor de las suertes, y le reiteramos nuestra vocación de encuentro, como estamos dispuestos a encontrarnos con todo el pueblo venezolano. Pero lo que si debe quedar absolutamente claro es que frente a la extrema derecha seremos implacables; frente al golpismo de derecha, frente a los nostálgicos ansiosos de la “restauración”, frente a los que quieren salir de la presente autocracia no para construir un mejor futuro sino para regresar a lo peor del pasado, ante esos sectores estaremos siempre en la acera de enfrente, combatiéndolos y refutándolos, porque precisamente esos individuos y grupos son los que brindan a la autocracia burocrático-militarista la coartada perfecta para justificar sus desmanes.
También es fundamental precisar que la Corriente por la Revolución Democrática no nace obsesionada por el chavismo o el antichavismo. Chávez no nos divide la historia. Nosotros nos definimos ante el país, ante el pueblo, ante lo que queremos para nuestra patria, no ante lo que Chávez haga o deje de hacer. En consecuencia, no son aceptables por nosotros como definitorias las etiquetas de “chavista” o “antichavista”. Para nosotros, Chávez es el presidente de todos los venezolanos (por lo que le reclamamos que se conduzca como tal), y es un dirigente popular al que reconocemos algunos logros (como por ejemplo haber colocado a los pobres, aunque sea retóricamente, en el centro del debate político, y haber ubicado a lo social como referente importante en el discurso oficial), y con el que tenemos también muy importantes diferencias (como las referidas a la ineficacia y corrupción de su gobierno, y sobre todo las referidas al carácter autoritario y antidemocrático de su proyecto político).
Pero también tenemos un elemento adicional de conexión, que puede generar el que confrontemos o dialoguemos con Chávez como gobernante y como dirigente popular: el pueblo que es atropellado cotidianamente por los burócratas que él designa y protege, es el mismo pueblo por el que nosotros luchamos, al que nosotros amamos y del que nosotros formamos parte. Esa realidad plantea la existencia de un área clara de tensión: si frente a la protesta popular Chávez se ubica con los burócratas y contra el pueblo, entonces nosotros estaremos con el pueblo y contra Chávez y sus burócratas; pero si ocurriera algo que a muchos nos parece improbable (porque ineficacia y corrupción son elementos consustanciales del modelo oficialista de ejercicio del poder), si Chávez eventualmente “se cuadrara” con el pueblo y arremetiera contra sus corruptos e incapaces, entonces le exigiremos que tal “arremetida” no sólo sea verbal, sino que sea en la práctica: que los ineficaces no sólo sean “regañados”, sino que sean destituidos; que los corruptos no sólo sean destituidos, sino que sean enjuiciados y encarcelados. Si frente a esas demandas las respuestas del Presidente siguen siendo puro discurso, no nos quedará otro camino que seguir enfrentando a su gobierno y a él como responsable fundamental de lo que el gobierno hace y deja de hacer.
Así de simple. No somos nosotros, entonces, ni es nadie en el pueblo quien tiene que definirse como “chavista” o “antichavista”. Es Chávez, como presidente de la república y como dirigente popular quien tiene que definirse frente a la vida, no con discursos sino con hechos: o esta con los ladrones, con los corruptos, con los ineficaces, con los soberbios que pululan en su entorno y minan desde hace ocho años ya su gobierno, o esta con el pueblo. Que se defina, cotidianamente y con hechos. Nosotros estamos definidos con el pueblo, desde que nacimos.
6) Venezuela necesita una oposición de izquierda.. para hacer la diferencia!
Electoralmente hablando, la autocracia burocrático-militarista toco techo el 3-D. Compitiendo en las mejores condiciones, y frente a un adversario obviamente debilitado, no fue capaz de obtener un respaldo mayoritario. Sigue siendo sólo la primera minoría. El problema de la hegemonía en el proceso socio-político que vive el país sigue aun pendiente de resolución. Por eso, la autocracia intenta tomar ventaja de su éxito electoral para solventar su traspié estratégico. En base a ello, disfraza de jugadas ofensivas, de movimientos de supuesta “radicalización del proceso”, lo que en realidad es el reconocimiento de una clara situación de debilidad.
En efecto, el cambio de ministros –por ejemplo- no persigue “radicalizar la revolución”; en realidad, es apenas el reconocimiento de que el gabinete anterior fue sacado a palos por la realidad, y es al mismo tiempo una maniobra de presión y castigo para el PPT y Podemos, remolones ante la “orden” de fundirse en el PSUV.
La creación del PSUV, por cierto, tampoco es una jugada de radicalización “ofensiva”. En realidad, es un movimiento desesperado ante las dinámicas de fractura que operan dentro del oficialismo. El enfrentamiento de grupos de interés dentro del gobierno central, y la agria disputa que existe en el oficialismo en prácticamente todos los estados del país, obliga al autócrata a realizar una maniobra que no resuelve la crisis interna, pero espera que la posponga. Como en el caso del “nuevo gabinete” (que, con contadas excepciones, es hombre a hombre peor que el anterior...), la creación del PSUV como forma de conjurar la guerra interna por el botín de lo público es “pan para hoy y hambre para mañana”: la crisis que ha sido pospuesta luego estallará con mucha más fuerza, porque son muchos más lo que ahora querrán participar en el reparto y –en consecuencia- serán también muchos más los agraviados que se enfrentarán en burocráticos “ajustes de cuentas”...
Finalmente, la quincalla verbal referida a la reforma constitucional y a la “nueva geometría político-territorial” tampoco es una jugada ofensiva de “radicalización”, sino una operación defensiva ante en una realidad evidente: así como el 4-D del 2005 la base social del gobierno no se sintió convocada a las urnas para defender y apuntalar a unos diputados oficialistas que no expresan al pueblo, lo más probable en que en dentro de 12 meses, en el 2008, los gobernadores y alcaldes del régimen se vean nuevamente huérfanos de respaldo popular, o peor aun: se vean enfrentados a una masiva operación popular de voto-castigo, de cobro electoral. La autocracia burocrático-militaristas sabe que si en 2006 la oposición fue capaz, en su peor desempeño, de sacar casi el 40 % aun enfrentando al mejor candidato del gobierno, lo peor que le podría ocurrir a ese sector en el 2008 es que (enfrentando además a candidatos oficialistas que no tienen ni de lejos el peso, la influencia o el carisma del candidato-presidente) es que esa oposición obtenga por lo menos el 40 % de las gobernaciones y alcaldías, lo que de hecho implicaría redibujar el mapa del poder en el país. Por eso, la única manera de evitar que eso ocurra... es que no haya gobernaciones y alcaldías, o en todo caso fomentar una expectativa que paralice la construcción de alternativas para esos espacios.
Por el lado de la oposición, las cosas tampoco aparecen demasiado claras. Habiendo sido correcta la actitud del candidato opositor la noche del 3-D, sin embargo esa actitud no se ha expresado aun en una conducta, que ofrezca al campo democrático no sólo un referente retórico distinto al oficial, sino además una opción de organización y movilización. Eso podría ocurrir en el futuro, mas aun hoy no exsisten señales claras en ese sentido.
Frente a ese panorama, los demócratas de izquierda –tanto desde nuestras respectivas organizaciones como desde la Corriente por la Revolución Democrática que pensamos impulsar- vamos a trabajar "no en la espuma del jabón, sino en la profundidad de la batea", golpeando la tela para sacar el sucio: en vez de estar lamentándonos por lo “radical” de los nuevos ministros, vamos a emplazarlos en espacios concretos de gestión, para que respondan a las necesidades populares en las áreas que son de su incumbencia; en vez de ponernos a lamentarnos porque la creación del PSUV sea o no “un paso más hacia el totalitarismo”, seremos implacables ante los burócratas y dirigentes que hayan traicionado al pueblo, así tengan las viejas etiquetas del MVR-PPT-PODEMOS o la nueva del partido fabricado por la “orden”, exigiendo que aclaren a los pobres de Venezuela de donde han sacado sus mansiones, sus super camionetas, sus vacaciones en el exterior, mientras le hablan al pueblo y a sus propios militantes de “revolución” y “sacrificio”; en vez, en fin, de ponernos a discutir como académicos sobre la viabilidad o no de las “ciudades comunales”, vamos a arremeter contra un gobierno que –muy lejos de poder construir ciudades “comunales”, “federales” o “socialistas”- ni siquiera ha sido capaz de construir más de 18 mil viviendas por año, y tiene a damnificados protestando en todo el país.
Nosotros vamos a pelear allí, en los barrios, en esos espacios donde el oficialismo ha olvidado como volver, y donde la oposición convencional tiene largos años sin llegar. Allí, donde no se puede “hacer política” simplemente con cuñas de TV o programas de opinión. Allí, donde esta un pueblo que –buscando cambios- votó por Andrés Velásquez, y por Caldera, y luego por Chávez, y aun hoy sigue necesitando, queriendo y buscando ese cambio.
Desde allí vamos a luchar, a compartir experiencias y aprendizajes con el pueblo, a construir vocación de cambio social, cultura democrática y tejido social autónomo. Desde allí, los demócratas de izquierda, los revolucionarios de verdad, los que creemos que el socialismo es democracia y libertad o no es socialismo, asumiremos que somos el 1 %, o el 3%, o el 10 % o el porcentaje que sea, pero seremos eso, con nuestras banderas, con nuestros perfil, dispuestos a encontrarnos y a luchar junto a todo aquel que quiera bien para el pueblo y progreso para Venezuela, pero sin disfrazarnos, sin diluirnos.
Desde esos espacios populares vamos a acumular razones, amores y fuerza. Y –si tenemos lucidez, si tenemos perseverancia, si tenemos la necesaria mezcla de inteligencia con coraje que el pueblo exige y reconoce en sus dirigentes cuando lo son de verdad- desde esos mismo espacios daremos nuestro humilde aporte para construir la nueva mayoría que abra camino a una nueva Venezuela, con igualdad, justicia social, democracia verdadera y verdadera libertad. Es posible incluso que ese aporte nuestro, por humilde que sea, constituya la diferencia, o parte de la diferencia. Lucharemos con denuedo para que sea una diferencia “a favor”. Por supuesto, “a favor” del pueblo!
PASO A LA NUEVA DEMOCRACIA
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3 comentarios:
Creo necesario acelerar el trabajo en la dirección que acordamos: conversar de inmediao con otras organizaciones de izquierda, pero no poner a depender la Corriente de los tiempos y ritmos de la trama burocrática. Este planteamiento debemos hacerlo por abajo, a los luchadore sociales, los dirigentes esudianiles, los lideres comunitarios, la gente de las ONG e incluso a los activistas de partido que estan en los barrios y que tienen mucho tiempo sin que nadie sus propias organizaciones los contacten o apoyen. La Corriente no es una operación "contra nadie", sino una forma de apoyarnos enre todos.
Hablemos una vez mas de política, cosa que a veces no me gusta porque me vuelvo apasionado, vehemente y para mi bien o para mi mal “intransigente”. Hace poco escuche decir que Venezuela se debatía entre dos mundos y he llegado a pensar que la frase es más cierta de lo que parece a simplicidad. Y confieso que he tratado de colocarme en el lugar de esos que no miran las cosas como yo, pero NO PUEDO, NO PUEDO VER como lo hacen ellos y NO PUEDO OÍR lo mismo que ellos oyen e inevitablemente NO PUEDO CREER en lo mismo que ellos creen.
No puedo creer, lo lamento, no cuando escucho al “líder de la revolución” afirmar que lo engaño la cuarta republica porque le dijeron en la escuela que “Bolívar murió feliz”, no se a que escuela fue el señor pues en la mía me enseñaron que Bolívar murió solo, enfermo y traicionado por sus amigos y esa no es una muerte feliz, por favor, no insultes a los maestros que tan bien me enseñaron la diferencia entre leer e interpretar, quienes me enseñaron la diferencia entre pensar por mi mismo y el dejarme llevar, quienes me enseñaron a ver la historia como los sucesos que se viven en carne propia y no eso que te cuenta “cualquiera” para convencerte.
Tampoco puedo creer, cuando escucho decir que esta su revolución del siglo 21 “se construye con ensayos y errores”, cuando se bien que sin un “verdadero proyecto” no llegamos a nada y también se bien que los éxitos llegaran después de innumerables errores que pueden perjudicar a muchos, el futuro no es un juego o un experimento. No creo cuando escucho voces que gritan a viva voz “que si nuestra hermana Bolivia necesita de nosotros le enviaremos las tropas” y hacen que tiemble pensando que alguno de mis hermano tenga que salir a pelear o morir en una patria que no es la nuestra por algo en lo que no creemos.
Y mucho menos creo al escuchar a mi alrededor quienes dicen que el líder es como un padre que nos cuida a todos, “por favor”, yo no quiero ni necesito a un padre, ya lo tengo, mi país requiere un gerente porque es una empresa no una guardería. Y me vuelvo “intransigente” como ven y termino por pensar que tenemos tantas cosas que hacer aquí por los nuestros, sin estar creyendo en utopías de país salvador de naciones y liberador sudamericano del yugo yanqui, cuando no somos aun capaces de construir una economía fuerte que no se derrumbe con un simple cambio en el valor de la moneda, una economía donde no tengamos que rogar por dos mil dólares para viajar al extranjero (que no nos alcanza para nada) o una economía que pueda sustentar esa ayuda al mas necesitado.
No creo y lo siento, y no lo siento por mi porque (en medio de mi intransigencia como pensaran muchos), “miro”, “escucho”, “creo” y “se” que no estoy equivocado, lo siento por los parientes y amigos que no creen en las cosas en las que creo yo. Pero aun así, “trato de entenderlos”, porque la diversidad nos hace mas venezolanos y mucho mas seres humanos y se bien que el día en que perdamos la capacidad de “tratar de entender a los demás” ese día lo habremos perdido todo. Tengo fe y espero que ese día no llegue nunca.
Estimados:
En estos momentos cruciales para Venezuela debemos y tenemos que pensar y actuar como solucionar lo que nosotros mismos creamos, si creamos, ya que esta marca registrada como “socialismo del siglo 21” no es más que un engaño para el pueblo, al igual de los 5 motores de la Revolución, que nos están llevando al atraso, si señores al atrasó, es increíble que quieran implantar el sistema socialista en Venezuela cuando ha fracasado a nivel mundial, solo funciona en Cuba y vean y pregunten lo que realmente pasa en esta isla al norte de nuestro país, para los que no saben que es socialismo, les explico un poco lo que es: Socialismo. Término general que se da a las doctrinas -y a los sistemas políticos inspirados en ellas- que sostienen la necesidad de eliminar la propiedad privada de los medios de producción para lograr una sociedad sin clases. En la práctica los sistemas socialistas propugnan formas de propiedad estatal sobre el conjunto de la economía y un sistema de planificación central que coordine la actividad de las empresas estatizadas.
El concepto de socialismo admite una variedad de significados concretos, más o menos coincidentes con el criterio anterior: la variante más extrema, denominada comunismo, se inspiró fuertemente en las ideas de Marx y de Lenin, organizando de hecho un sistema totalmente centralizado de propiedad estatal donde sólo se admitía la propiedad cooperativa parcial en el campo y muy limitadas formas de propiedad privada en algunos servicios. Por su propia lógica interior tales sistemas devinieron en aparatos burocráticos de enorme poder, donde el Estado concentró todas las decisiones importantes en materia política y económica, y donde se estableció en consecuencia un control totalitario sobre el conjunto de la sociedad.
Esto es lo que esta ocurriendo en nuestra patria, es importante crear una oposición que realmente se aposición y no valide nada de lo que esta forjando este gobierno, que cada día que pasa, nos esta hundiendo en la más extrema pobreza que ha existido en Venezuela, si no lo creen salgan, caminen, utilicen los sistemas de trasporte “publico”, vean a los niños de la calle, a los indigentes a cada uno de los Venezolanos que sufren por no tener un empleo, dinero para sus gastos personales y pagos de servicios, ustedes no creen que envés de estar comprando empresas, realizando inversiones internacionales, construyendo casas en otros países, aportando ayuda militar a otros países, estar gritando Gringos Go Home, estar pensando en cambiar la educación, deberíamos estar pensando en aquel niño que aprende a odiar al mundo antes de saber leer y empezar a invertir en nuestro país, crear nuevas alternativas de urbanismo, nuevas ideas para el control de la delincuencia, realizar una lucha abierta a la corrupción existente tanto en el gobierno como la oposición, enseñar a las juntas parroquiales y concejales cuales son sus verdaderas funciones y para que fueron elegidos de forma popular, le enseñanza gratuita, tanto en primaria, secundaria y la universidad, trabajar en conjunto con las alcaldías y gobernaciones para mejorar nuestro entorno de vida que cada día de derrumba más por los golpes y malos manejos administrativos, dejar la guerra y hacer la paz, buscar nuestras raíces y revivir la historia de cada casa, barrio, caserío, urbanización y ciudades principales del país, todo esto para que, para ser la verdadera patria que siempre soñamos y añoramos y no esta mentira de gobierno que en vez de buscar alianzas estratégicas con nuestras riquezas, ese dinero que es nuestro se invierta en cada uno de los Venezolanos que quieren y desean vivir mejor y no con la angustia que existe hoy en día, por eso, debemos y tenemos que pelear en forma unida, inteligente y como hermanos de este país que tanto nos necesita..
Que viva Venezuela Libre
Paz, amor, democracia y evolución.
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